lunes, 18 de marzo de 2019

12 años después...

La Jornada, diciembre 15, 2006

¡TODOS SOMOS MESÍAS TROPICALES!
                         
                         (-contribución a la crítica de la “modernidad templada”-)

VÍCTOR M. TOLEDO
                                                 

Durante siglos, las regiones tropicales del mundo fueron para el imaginario de la civilización europea, las porciones más enigmáticas, paradisíacas, inexpugnables y peligrosas del orbe. Y no se trataba solamente de las zonas intertropicales del globo, que aloja montañas, sabanas y aún regiones áridas, sino especialmente de las áreas tropicales húmedas de las bajo planicies, ahí donde la lluvia y la temperatura alcanzan sus valores máximos. La percepción fue, como casi siempre sucede, contradictoria. Por un lado el atractivo de un paraíso desconocido; por el otro el rechazo hacia un mundo que resultaba inhóspito e incomprensible.

La selva, y en su denominación más extrema, la jungla, “el horno genitor donde las energías parecen gastarse con abandonada generosidad “(Alfonso Reyes), ha sido para el inconciente europeo no sólo un mundo paradisíaco, sino la fuente de enfermedades, alimañas, monstruos, amazonas, leyendas increíbles, seres sobrenaturales, organismos exóticos. El trópico húmedo, hay que recordarlo, es el hábitat originario, el magma vegetal de donde surgió la especie humana, pero también la raza negra, la magia, el exceso erótico, el vudú, el candomblé, la música que desquicia. Hubo que esperar tratamientos directos de artistas, escritores, antropólogos y científicos, para atenuar la “mitología tropical” generada desde los enclaves templados y fríos de la civilización urbana, y posteriormente industrial, gestada en Europa.

“Existen razones para pensar que todas las naciones que habitan más allá de los círculos polares o entre los trópicos son inferiores al resto” Esta frase escrita por el filósofo David Hume en 1748, no es más que un ejemplo de las ideas que prevalecían entre una influyente porción de la intelectualidad europea del siglo XVIII. Esta impresión estaba especialmente dedicada a las culturas aborígenes americanas. En su afán por justificar un sistema de dominación, las élites dominantes siempre se han empeñado en demostrar la supuesta inferioridad de sus dominados. Esta falsa impresión que se encuentra arraigada en lo más profundo de la ideología de los dominadores (sean señores feudales, rancios nobles, emprendedores burgueses o tecnócratas modernos), tiende a tomar la forma de "teoría" una vez que encarna en las voces de sus "intelectuales orgánicos"

Durante el siglo XVIII y buena parte del XIX, las doctrinas del determinismo racial abonaron las ideas y el discurso de numerosos intelectuales europeos. Eran por supuesto los tiempos de la expansión de Europa a través de sus dos principales baluartes: uno económico (el capitalismo), el otro cognitivo (la ciencia y la técnica). Fue la época en el que el racismo popular tomó cuerpo de racismo científico al ser postulado, defendido y argumentado con evidencias supuestamente derivadas de un método. El número y la variedad de pensadores, naturalistas y filósofos que bajo diferentes matices asumieron la idea de la superioridad de una raza no deja de impresionar.

La lista incluye naturalistas tan connotados como Buffon, Galton, Darwin, Huxley, Agassiz, y toda una gama de filósofos que incluye a Hume, Voltaire, Raynal, De Paw. Comte y el apóstol de la filosofía europea de entonces, Hegel. En el campo de la antropología, las tesis del racismo científico fueron postuladas por James Cowles Prichard, nada menos que el más eminente antropólogo inglés de la primera mitad del siglo XIX.

En el caso de América, el desprecio hacia las culturas tropicales tuvo su origen en el “carácter inferior” de la naturaleza americana. Esta tesis fue postulada por Buffon hacia mediados del siglo XVIII, y aunque ahora parece descabellada, se convirtió en un fantasma que acompañó a todo naturalista estudioso del Nuevo Mundo, incluyendo a Humboldt y a Darwin. La “teoría” fue de inmediato extendida a los aborígenes americanos, a quienes Voltaire consideró poco industriosos además de estúpidos, y con "...menos sensibilidad, menos humanidad, menos gusto y menos instinto, menos corazón y menos inteligencia..." a decir de De Paw.

De la infinidad de argumentos esgrimidos para demostrar la supuesta inferioridad de los habitantes de América, finalmente encontramos el de su incapacidad para domeñar a la naturaleza y dar lugar a una civilización avanzada. La legítima paternidad de la supuesta inferioridad epistemológica corresponde a Francis Bacon a través de su tratado Novum Organum publicado en 1620. "Existe una solución de continuidad –afirma Eduardo Subirats- entre la violencia conquistadora definida por el espíritu medieval de cruzada y la violencia epistemológica, crítica y racional, derivada de un concepto moderno de dominación técnica de la naturaleza”.

Con todo esto de por medio, resulta más fácil comprender porqué Francis Hallé en su extraordinaria obra “Une Monde sans Hiver” documentó  lo que parece ser una regla histórica: “…la colonización siempre ha progresado de las latitudes medias hacia las bajas, jamás a la inversa, no importa cual haya sido la época o cuál sea la región considerada”. La expansión europea sobre lo que Eric Wolf llamó los “pueblos sin historia” fue entonces realizada con la profunda convicción que lo que se imponía era “civilización” y “progreso”.

Herederas de esa tradición invisible, las élites contemporáneas del “mundo desarrollado” tienden automáticamente a enviar a lo tropical y a sus habitantes al traspatio de la historia, pues se perciben como la expresión más acabada de lo salvaje. Lo salvaje es la antípoda de lo civilizado, de igual manera que lo excesivo lo es de lo mesurado. Para una civilización en donde el uso de la razón fue controlando, desplazando y finalmente aboliendo el mundo de la pasión, única manera de instrumentar un orden que permitiera el desarrollo de las ciudades, la eficiencia de la empresa, la disciplina de la industria y el rigor de la ciencia, el “espíritu tropical” terminó siendo sinónimo de lo irracional, de una fuerza indomable, incontrolable, primitiva y, por todo ello, incivilizada.

                                        
Nada peor para las elites, tras 24 años de aplicación continua de recetas neoliberales a los males del país (sin que estos cedieran), que la aparición de un dirigente tropical nacido entre las selvas, identificado con un pez de los pantanos de una región indígena, entrenado en las escuelas públicas y enrolado como profesionista con las luchas sociales de los más necesitados, para encabezar una opción electoral alternativa y crítica.

Quizás por ello, ningún otro candidato presidencial de la historia reciente ha sido tan furiosamente estigmatizado por la acción orquestada de sus opositores que Andrés Manuel López Obrador (AMLO): partidos políticos, medios masivos de comunicación, organizaciones empresariales, círculos religiosos, periodistas, intelectuales. El linchamiento ha sido, para decirlo con decencia, desusado. He registrado en vivo la rabia descomunal, incontrolada, contra el dirigente tropical en los rostros, palabras o  letras no solamente de ciudadanos comunes y corrientes, sino especialmente de miembros de los sectores más privilegiados y exquisitos: profesionistas exitosos, empresarios, ex-rectores, periodistas bien habidos. ¿Por qué desquicia tanto la figura de quién ideológicamente es un social-demócrata mas?

La clave está en la que sin duda es la obra maestra dentro de esta cruzada: el texto de Enrique Krauze Kleinbort, “El Mesías Tropical” (Letras Libres 90, junio del 2006). El ensayo, que trató de aparecer como un análisis objetivo e intelectualmente legítimo, es en realidad un complejo montaje ideológico dirigido a  generar reacciones de temor entre las elites ilustradas (y no tanto), invocando una vez más los peligros de lo tropical.

El ensayista no solo adoptó una clara posición ideológica y política  (y el pecado no está en el atrincheramiento sino en la validez de sus argumentos), sino que instrumentó una pieza literaria en donde el mensaje final es de nuevo la exacerbación de la “pasión tropical” como causa de los males, en este caso la supuesta destrucción de la democracia o, para decirlo en sus propias palabras: “el descarrilamiento del tren de la democracia”. Pieza ejemplar en la manipulación subliminal de una percepción inconciente construida a través de la historia, el ensayo de Krauze Kleinbort está a la altura de las nuevas creaciones psico-políticas generadas desde el pentágono norteamericano o desde las nuevas y poderosas iglesias para influenciar y dirigir las mentes ciudadanas.

Su mayor virtud es que, como agudo intelectual de la derecha, supo captar con gran destreza aquellos rasgos de la historia y de la personalidad de AMLO que más inquietan, irritan y atemorizan a las minorías del país: “Tengo desconfianza  de AMLO –afirmó durante un seminario en el Centro Woodrow Wilson de Washington DC- y lo encuentro perturbador por razones de su personalidad y las razones no son razones morales sino razones psicológicas”.


¿Cómo descalificar a un candidato presidencial mediante un análisis supuestamente psicológico, en vez de ofrecer argumentos, tesis o razonamientos sobre propuestas políticas o posiciones ideológicas? ¿No resulta extraño que la larga lista de artículos de opinión aparecidos en los últimos meses contra AMLO estén centrados justamente en sospechosos aspectos personales y casi nunca sobre sus planteamientos políticos contra el neoliberalismo? Uno lee serenamente el último discurso de AMLO (20 de noviembre) y lo que menos se observa, en el contenido y en la intención, es el desbordante “mesías tropical” construido por la imaginación de Krauze Kleinbort.

La validez del “mesianismo tropical” como categoría sociológica (y política), como fuente de una conflictividad que impide el desarrollo de la democracia y alienta la violencia humana es prácticamente indemostrable. Por un lado difícilmente pueden encontrarse temperamentos agresivos en las culturas originarias tropicales (en México destacan los tratos delicados y hasta elegantes de huastecos, totonacos, zoques, chontales o mayas yucatecos). Por el otro no puede soslayarse el hecho de que la palabra genocidio se inventó en 1944 en las tierras nada tropicales de Europa, donde tuvo lugar la etapa más violenta y destructiva de la especie: 103 millones de muertos en dos guerras mundiales. No son pues los temperamentos de la jungla, del calor, de los tambores y del baile los que esconden y acumulan energías destructoras de lo civilizado sino justamente sus contrapartes.

El ensayo de Krauze, fue ampliamente difundido por su autor a través de puntuales entrevistas por cadenas de radio y televisión y en la prensa (véase Diario Monitor, junio, 13, 2006 y Milenio, junio, 11, 2006), reproducido en innumerables blogs de la derecha (incluyendo el proto-fascista “México en Peligro, 2006”), y alcanzó su cenit cuando fue enviado de manera gratuita a miles de clientes por el gerente de BANAMEX. Dicho con suavidad, no fue un texto digamos “intelectualmente neutro”, como tampoco lo fue el manifiesto de 126 intelectuales confirmando la limpieza de las elecciones que fue usado por el PAN como parte de sus pruebas fehacientes en el Tribunal Electoral.

La lección develada, es que hoy en día buena parte de las fuerzas intelectuales conservadoras y reaccionarias perviven ocultas (están disfrazadas) entre aquellos que mejor representan la “objetividad científica”, el “triunfo de la racionalidad civilizatoria”, la razón instrumental, el control de la pasión, la sujeción de lo incivilizado o, en suma, la “modernidad templada”. Y esta manipulación epistemológica, que encarna una poderosa violencia sutil, es la heredera de una percepción geográfica e histórica que derivó en la sujeción de las regiones y poblaciones tropicales del mundo (la África negra incluida) por sus contrapartes templadas.

Por todo lo anterior, habremos de ver como las elites atemperadas de los altiplanos centrales y nortes de México serán asediados y sacudidos por la pasión política de quienes reclaman una vida digna y un país justo. AMLO será o no rebasado, pero la catarsis de tantas décadas de injusticia provendrá de las regiones más cálidas y húmedas de la república: Chiapas, Oaxaca, Veracruz, las costas del pacífico,  la “tierra caliente” de Guerrero y Michoacán, la plataforma Yucateca, las Huastecas, las junglas de Quintana Roo. Y probablemente, quién lo puede negar, entre los gritos de la muchedumbre uno será especialmente vigoroso: ¡Todos somos mesías tropicales!




lunes, 11 de febrero de 2019

HOYO NEGRO EN SUDAMERICA


VER ARTÍCULO COMPLETO EN LA JORNADA: https://www.jornada.com.mx/2019/02/12/opinion/018a2pol





54 MILLONES DE HECTÁREAS SEMBRADAS DE SOLAMENTE SOYA TRANSGENICA






ARGENTINA ENVENENADA

domingo, 27 de enero de 2019

LA CONSTRUCCIÓN DEL PODER SOCIAL ...

MÉXICO, EL "OTRO ZAPATISMO"

-mesoamericano, ecológico y basado en la comunalidad- 

CUMPLE 40 AÑOS, 

moviliza a unas 400,000 familias y maneja un territorio de 4.5 millones de hectáreas








Tanto en la LA PAZ EN CHIAPAS (2000), como en REGIONES QUE CAMINAN HACIA LA SUSTENTABILIDAD (2014), se recogen testimonios de este "OTRO ZAPATISMO". Una versión digital del segundo libro puede obtenerse en: http://www.cidesca.org.mx/archivos/E2-2.pdf . 

Ejemplos videograbados de varias experiencias notables aparecen además en el sitio CONECTO (https://www.conecto.mx/es/ ).

Por otro lado la revista MEXICO DESCONOCIDO ofrece una guía ilustrada de 105 iniciativas eco-turísticas realizadas por comunidades o cooperativas indígenas del país:



OAXACA

Estudios sobre experiencias ecológicas exitosas de carácter comunitario han sido realizados en estados como OAXACA, MICHOACÁN, PUEBLA, CHIAPAS Y QUINTANA ROO (ver bibliografía) 



Y en estados como TLAXCALA, la fuerte defensa del maíz por parte de decenas de comunidades campesinas, llevó al congreso local a declarar a la entidad como LIBRE DE MAÍZ TRANSGÉNICO!



BIBLIOGRAFÍA




viernes, 28 de diciembre de 2018

HACIA EL 2019...


QUE EN EL 2019... 
LO ORGÁNICO VENZA A LO ARTIFICIAL, LOS ORGANISMOS A LAS MÁQUINAS, LAS REDES A LAS PIRÁMIDES, LOS PULSOS A LOS MECANISMOS, LA DIVERSIDAD A LOS UNIFORMES, Y EN FIN, QUE LOS "PROYECTOS DE VIDA" SUPEREN A LOS "PROYECTOS DE MUERTE"


V.M.T.


martes, 4 de diciembre de 2018

CONTRIBUCIÓN AL DEBATE

EL TREN MAYA:
¿SUEÑO O PESADILLA?
Víctor M. Toledo
Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, UNAM (campus Morelia)

La inusitada controversia generada en torno al Tren Maya, no termina por supuesto con el aval que recibió en la pasada consulta, sino que apenas comienza. Este ensayo pretende contribuir a la polémica, partiendo de dos premisas. Primero, que es necesario distinguir entre los impactos que provocará su construcción (1525 kms de vías) y los que generará, en el corto, mediano y largo plazo, sobre sus habitantes actuales. Unos son los impactos que genera la construcción de un celular, un automóvil o una central nuclear, y otros los que desencadena su uso, individual y colectivo. Segundo, que como sucede con toda innovación tecnológica, sus efectos dependerán del juego de fuerzas políticas, económicas y culturales que dicha innovación desencadena.  Nada garantiza que la apertura de una vía de tren traiga progreso y bienestar de manera automática y, al mismo tiempo, tampoco nada indica que se pueda convertir en un factor de destrucción o deterioro. La apertura de nuevas vías de comunicación (para automotores, ferrocarriles, barcos o aviones) de áreas remotas o aisladas que se visualiza como un acto de modernización o de progreso imprimirán su sello a esas regiones que se integran de acuerdo al contexto que resulte de las fuerzas económicas, políticas y culturales en pleno conflicto o contradicción. Dado que como se ha señalado, el impacto del tendido de las vías del Tren Maya será sobre trazos ferroviarios o carreteros ya existentes, nos concentramos en los impactos que este proyecto tendría sobre el conjunto de la región.




Mapa 1
En México, buena parte de la discusión sobre el tren maya parte del temor de que este“megaproyecto” se convierta en uno más de los que han azolado innumerables regiones del país en las ultimas dos décadas. Nuestro recuento alcanza 560 conflictos y resistencias socio ambientales a lo largo y ancho del país (Mapa 1), provocados por megaproyectos mineros, energéticos, por agua, carreteros, turísticos, forestales, biotecnológicos y de desarrollo urbano. La pregunta obligada es: ¿Cómo puede garantizar un gobierno que se declara anti-neoliberal, realizar megaproyectos que no imiten o repitan los que los diferentes gobiernos neoliberales impulsaron a diestra y siniestra?  Lo que sigue es un intento de dar respuesta a la pregunta.



Mapa 2.
Hoy, la Península de Yucatán es un gigantesco escenario donde se desarrolla una cruenta batalla entre tradición y modernidad, entre resistencias locales y fuerzas globales, entre memoria biocultural y amnesia modernizadora, esta vez con los referentes geopolíticos invertidos. En el centro se ubican las resistencias, basados en una alianza milenaria entre natura y cultura, y en la periferia se implantan y expanden los enclaves de una modernización depredadora. Mérida, Cancún, Campeche y Chetumal conforman los núcleos urbanos desde donde se irradia el “progreso”hacia los territorios donde persiste una cultura que habita ese territorio de manera exitosa ¡desde hace 3,000 años! y que hoy alcanza la cifra de 2.2  millones (INEGI, 2015). Esa población representa el  66 % del estado de Yucatán, y el 44% de Campeche y Quintana Roo. Esta enorme población hace que la península sea un territorio con una muy alta densidad demográfica (MAPA 2) . En las porciones de Chiapas y Tabasco que cruzará el Tren Maya, la población indígena sin ser mayoritaria es igualmente significativa (tzeltales, choles y chontales).
Los polos modernizadores fincan su emporio fundamentalmente en los desarrollos turísticos, comerciales e inmobiliarios. Hasta ahora, estos desarrollos causan deterioro y pérdida del patrimonio biocultural y modifican sustancialmente los paisajes selváticos, marítimos y costeros al afectar ríos subterráneos, manantiales, cenotes, sitios arqueológicos, humedales, selvas diversas y dunas costeras, para levantar hoteles, campos de golf, lagunas artificiales, parques temáticos, pavimentos y extensos desarrollos habitacionales. Hasta ahora la industria turística de lujo, tipo Premium, regido por capitales transnacionales, no ha generado un progreso equilibrado y justo, sino lo que en el resto del país consiguieron tres décadas de políticas neoliberales.

Mapa 3. El mapa muestra el contraste entre las áreas conservadas por las comunidades mayas (verde oscuro) y las de las Reservas de la Biosfera (verde claro), y las porciones deforestadas (rojo).


Mapa 4. Principales resistencias y proyectos mayas.
Y sin embargo, tierras adentro, las resistencias bioculturales y geopolíticas logran mantener todavía grandes porciones de la selva maya (Mapa 3) y unos 3,000 sitios arqueológicos. La parte interior de la península rebosa de experiencias guiadas por el bien común y la cooperación resultado de esfuerzos colectivos de numerosos actores sociales. Un panorama general (Mapa 4) incluye las 56 cooperativas productoras de chicle formada por unos 3,000 productores mayas y sus familias, los 49 ejidos con reservas comunitarias que en total alcanzan un total de 100,000 hectáreas de selva, los ejidos forestales del sur de Quintana Roo que desde inicios de los 1980s manejan un millón de hectáreas, los 20,000 apicultores organizados en 169 cooperativas que exportan miel a Europa y otras partes del mundo, (Mapa 5) y los innumerables proyectos sobre la Milpa Maya desde una modalidad agroecológica. A lo anterior debe sumarse de manera especial el surgimiento de la Reserva Estatal Biocultural del Puuc, la primera con esta modalidad en México, una iniciativa de cinco municipios mayas (Muna, Ticul, Santa Elena, Oxkutzcab y Tekax), con una superficie de 136,000 hectáreas (Mapa 6), y que se fundó en colaboración con el gobierno estatal y varias organizaciones conservacionistas.  Esta reserva surgida desde los pueblos se viene a sumar a las 6 Reservas de la Biosfera implantadas desde el gobierno federal en las últimas décadas. A estos proyectos deben sumarse iniciativas como la red de reservas privadas de la Península de Yucatán y las numerosas cooperativas de productos artesanales, alimentarios o de turismo alternativo (como las de la Fundación Haciendas del Mundo Maya). Todas estas experiencias constituyen ejemplos de una economía ecológica, social y solidaria, donde se dan procesos de acumulación colectiva de riqueza, en modalidades de apropiación adecuada de los recursos locales, y que conllevan la defensa biológica y cultural. Es decier surgen como proyectois alternativos al modelo dominante neoliberal.

Mapa 5. Cooperativas mayas productoras de miel. Fuente: CONABIO.
Todo lo anterior indica que para que el Tren Maya sea la realización de un sueño y no se convierta en una nueva pesadilla, ese proyecto debe ser acompañado, debe inscribirse, en el contexto de un plan para toda la región maya, y eso requiere de construir en paralelo un proyecto común de desarrollo alternativo, de “…una modernidad desde abajo y para todos”. Ello supone la participación articulada de los gobiernos federal, estatales y municipales y de estos con las comunidades, pueblos y ciudades. El tren maya no puede entonces concebirse desligado de un Plan Maya por la Vida, que debe gestarse e implementarse mediante una planeación participativa, es decir a través de las consultas con los pueblos rurales y las poblaciones urbanas.
Un Plan Maya por la Vida tampoco puede ignorar el papel estratégico jugado por decenas de investigadores y técnicos que desde sus instituciones regionales han apoyado, directa o indirectamente, esos procesos de resistencia e innovación. Destacan el Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) con sus sedes en Chetumal y


Mapa 6. Ubicación de la Reserva Biocultural del Puuc.
Campeche, la Universidad del Caribe y la Universidad Intercultural en Quintana Roo, y el CINVESTAV, el CICY y la Universidad Autónoma en Yucatán. Grupos amplios de investigadores en conjunto con organizaciones conservacionistas (como The Nature Conservancy, Pronatura, Amigos de Sian Kaan, Biocenosis, EDUCE, Bioasesores, etc. ) han contribuido con sus conocimientos a proyectos tan diversos como el manejo de las selvas, la producción de chicle y miel, las reservas comunitarias, la milpa mejorada, las redes de artesanos, y otros. Y sobretodo han visibilizado los saberes ecológicos mayas.
Para que el lector se de una idea de la estrecha relación que existe entre la cultura maya y su biodiversidad, y que la convierte en uno de los enclaves bioculturales más importantes de México y del mundo, compartimos los siguientes datos: El inventario botánico de la flora de la Península de Yucatán oscila entre 2 400 y 3 000 especies de plantas, de las cuales entre 75 y 80 por ciento se restringen a la porción mexicana (Canevalli et al., 2003). Dos estudios etnobotánicos en comunidades reportan conocimientos locales sobre 920 especies (Barrera-Marín et al., 1976) y 826 taxa o “morfo-especies” (Anderson, 2005), en las localidades de Cobá y Chunhuhub, respectivamente. Por otro lado, un diccionario regional etnobotánico elaborado por Arellano-Rodríguez et al. (2003) documentó nombres y usos mayas para una lista de 2 166 especies, es decir más de 90% de la flora registrada en la península, y Flores (2001) reportó nombres locales para 88% de las 260 especies de leguminosas, que es la familia mejor representada en la región. Existe además una taxonomía maya yucateca de las plantas (Kul), basada en 16 categorías de formas de vida, donde los taxa son distinguidos tanto por características morfológicas de las plantas como por criterios de carácter simbólico, como es el caso de los colores. Varios estudios muestran también el conocimiento existente sobre especies de varios grupos de animales, especialmente mamíferos, aves, reptiles y peces con valor alimenticio, o ligadas a las prácticas agrícolas, agroforestales, de caza y pesca. Destaca igualmente el detallado conocimiento sobre las abejas nativas sin aguijón (Melipona beecheii), utili- zadas desde la época prehispánica, y en general sobre la apicultura, ambas prácticas de gran relevancia regional. Finalmente no faltan los detallados saberes sobre clima, relieve, suelos, erosión, vegetaciones, paisajes y procesos ecológicos.
El resultado a escala regional de este estrecho nexo entre natura y cultura es la existencia de amplias zonas de vegetación conservada en la península que coinciden con los municipios más tradicionales o indígenas. Los procesos de deforestación, que provienen de los “polos de desarrollo” (monocultivos agrícolas, ganadería, plantaciones, turismo, desarrollos habitacionales), han quedado neutralizados por la presencia de los ejidos y municipios mayas, por la simple razón de que su estrategia de subsistencia contempla el manejo múltiple o agro-silvo-pastoril y el mantenimiento de reservas forestales, como lo hemos mostrado en varios trabajos (Figura 1). Cuando se observan desde el espacio los ejidos mayas se hacen notables por tres rasgos: los mosaicos de paisajes, por estar casi siempre rodeados por franjas y corredores de selva, y porque sus cascos urbanos son probablemente los más arbolados de todo el país, pues a cada hogar le acompaña un huerto familiar que alcanza en promedio entre 100 y 150 especies útiles, mayoritariamente alimentos.
El reconocimiento de la diversidad biocultural realizado por organismos internacionales (como la UNESCO), los gobiernos de varios países, e innumerables organizaciones conservacionistas, ha generado la discusión e implementación de diseños para la gestión, conservación y defensa de aquellos territorios que presentan altos niveles de bioculturalidad. Se trata de construir formas de gobernanza local (a escala de comunidades y municipios), basados en la auto-gestión, el buen uso de los recursos naturales locales, el mantenimiento de la identidad cultural y una inserción adecuada a los procesos globales. Todo ello parte de premisas como el empoderamiento de las instituciones y capacidades locales, y el establecimiento de acuerdos justos de colaboración entre los gobiernos municipales, estatales y federales. 
Se trata en fin de una estrategia de gestión territorial, consensuada y pactada entre todos los actores sociales que participan en su diseño

Figura 1. Flujos de satisfactores obtenidos por las comunidades mayas de la Península de Yucatán mediante la estrategia de uso múltiple. Fuente: Toledo et al., 2008.
En suma, para que el Tren Maya sea la realización de un sueño, ese proyecto debe inscribirse en el contexto de un Plan Maya por la Vida para toda la región.  Dicho plan, que debe encabezar el nuevo gobierno de André Manuel López-Obrador (AMLO), debe reconocer este “conflicto civilizatorio”, ponerse del lado correcto, y realizarse con la colaboración no solo de los pueblos y organizaciones mayas, sino de los centros académicos, sus investigadores y técnicos, las organizaciones conservacionistas, y las empresas sociales y privadas de la región. Esta estrategia se puede convertir en un modelo para el resto del país, y especialmente para los territorios con amplia presencia de los pueblos originarios.
El Plan Maya por la Vida servirá entonces como la brújula que señale las rutas sociales ambientales y culturales del tren, su diseño y significado. Por ejemplo deberá contribuir a robustecer, ampliar y multiplicar los proyectos ya existentes autogestivos y de cooperación local y municipal.  Deberá impulsar un turismo controlado, diverso y alternativo, basado en las potencialidades y limitaciones de cada región. Como hemos visto, ningún megaproyecto es neutral en principio, sino que está marcado por los intereses en juego y en conflicto. Entre una política dirigida a satisfacer las ambiciones de una minoría, o comprometida a lograr el bien común, el respeto a las culturas y a la naturaleza y a la recuperación de la memoria, única manera de mirar el futuro con fe y esperanza. De esa forma comenzara de verdad la Cuarta Transformación del país.
Referencias y bibliografía

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